La perspectiva de género en Enfermería

El conocimiento es un proceso de construcción de nuestra vida y del medio que la hace posible en condiciones históricas y sociales, siendo este proceso la acción para cambiar la realidad. Pero cuando la realidad lo es “para nosotros” deja de ser objeto de conocimiento, produciéndolo “en nosotros” para convertirse en práctica de vida y por eso la realidad es inalcanzable en sí misma. Si bien la realidad tiene una entidad propia y no es el producto de nuestra voluntad, tiene unas construcciones mentales con efectos prácticos, unos buscados, otros inesperados y otros indeseables. Es así como nos instalamos en un marco teórico y utilizamos conceptos, como si fueran los únicos posibles, para conocer, construir o reproducir la realidad y con esa ideología producimos nuestro discurso.

Consciente de ello, en este artículo no se pretende obviar la historia de la enfermería anterior a la constitución de la enfermería moderna, sino llamar la atención sobre el interés de observar la enfermería como objeto de estudio, a partir del aglutinamiento en función del reconocimiento social significativo como mujeres cuidadoras, es decir, cuando aparecen como colectivo y como sujeto político, rompiendo el discurso dominante como feminidad y construyendo su propio discurso profesional. Las enfermeras profesionales como objeto de estudio no son evidentemente la totalidad de la Enfermería, sino que se trata de una construcción que tiene un alcance histórico y geográfico, limitado a aquellos países en los que triunfó la revolución burguesa y con ella la aspiración a la libertad y la igualdad. No cabe duda que éste, es otro punto de vista que puede servir para la construcción de un nuevo discurso y generar cambios en la construcción de la realidad1.

Concepto de Género: general y personal

El concepto género y la utilización de términos distintos para referirse al género respecto al sexo, es una tarea que se justifica por razones de rigor científico, pero no ha sido una iniciativa de la comunidad científica, sino que tiene origen en la lucha de las mujeres contra la discriminación sexual, anticipándose la política a la ciencia y se estima importante no sustituir mecánicamente el término sexopor el de género y menos aún su concepto2.

Género se refiere a las funciones y relaciones de las mujeres y de los hombres, que no se fundan en factores biológicos (sexo) sino sociales, económicos, políticos y culturales; son por tanto, las creencias, rasgos de personalidad, actitudes, valores, conductas y actividades que diferencian a hombres y mujeres. Tal diferenciación es producto de un largo proceso histórico de construcción social, que no sólo produce diferencias entre los géneros femenino y masculino, sino que estas diferencias implican desigualdades y jerarquías entre ambos. El asunto es complejo pues afecta a instituciones como son la familia, la educación y la religión, que han tenido y tienen un papel fundamental en la reproducción de las condiciones que perpetúan las desigualdades genéricas.

Socialmente se estableció que la mujer estaba hecha para el cuidado de niños, de ancianos y del hogar, por lo que se atribuyeron funciones e institucionalizaron roles para hombres y mujeres, cayendo en un círculo aprendido, donde las desviaciones eran castigadas3. Es decir, las personas intentan ser congruentes con lo que el grupo social espera de ellos y es interesante analizar cómo se construyen los estereotipos de género: el estereotipo masculino, valorado positivamente nos muestra a los varones triunfadores y desarrollando actividades prestigiosas y que les confieren poder. El estereotipo femenino muestra el trabajo de la mujer en casa, con los hijos y llevándolos al colegio y cuidándolos cuando están enfermos4.

No obstante, la historia nos ha demostrado que las formas de imposición son cambiantes y los roles y estereotipos cambian según las normas y valores que impongan los grupos en el poder, ya que al ser adquiridas socialmente son susceptibles de modificarse.

Personalmente creo que, lo que construye el concepto de género o qué es la igualdad de género para cada individuo, depende del concepto aceptado en su entorno cercano influencia social y de las vivencias que se tengan.

Cuando comencé a estudiar enfermería en 1976, el ingreso a la escuela se constituía sobre un modelo moral intachable y con una formación en los elementos de la medicina que respondía a los deseos de los médicos y a los intereses de los sectores dominantes de la sociedad5. También existían escuelas femeninas y masculinas con asignaturas diferentes según el sexo (labor y legal). Las primeras, en régimen de internado dentro de instituciones sanitarias, las segundas en externado y con aulas en la Universidad; las primeras, herederas de los valores femeninos predicadas por el poder de la época: Iglesia y Estado (abnegación, sacrificio y prudencia) y las segundas, herederas de la cultura de los practicantes, supeditada a ser ayudantes del médico y con una organización jerárquica, similar a la de las instituciones militares (organización, jerarquía y obediencia).

Mi educación personal hasta entonces chocó con la enseñanza que se impartía en enfermería, donde asignaturas como labor o religión estaban impregnadas de sumisión y sexismo. Mi duda era por qué a mis compañeras no les suponía ningún sentimiento de frustración hacer una muñeca de trapo en la asignatura de labor y a mí sí?. Quizás estaban acostumbradas, lo sentían necesario para su profesión o estaban alienadas sin más. Desde mi juventud me cuestionaba, a quién podría servir y para qué, la alienación de la mujer, llegando a concluir que, tal vez a la misma sociedad, suministrando normas de aprendizaje estabilizador en la familia como grupo primario. Y ahora, a veces pienso si la Enfermería no actúa en el sistema sanitario como represora del cambio, manteniendo muchas de las “reglas” caducas en nuestro Sistema Sanitario actual.

También me interesé por saber cuál era la primera condición para desear suprimir la alienación o cosificación y comprendí que no era otra, que despertar y adquirir conciencia de dicha alienación. Terminé enfermería y con muchas dudas e incertidumbres, junto a muy buenas compañeras y amigos, comencé mi andadura profesional, en una democracia que se creaba con mucho silencio, que prefería partir de la nada y que se avergonzaba de su pasado..

En 1994 acudí a Estocolmo, al W.E.R.N. Workgroup European Research Nursing donde expuse un trabajo sobre la Historia de la Enfermería española y cual fue mi sorpresa al contemplar que la división sexual del trabajo enfermero sólo eran referidos por mí. Incluso la imagen de la enfermería moderna anglosajona comenzaba con las luchas feministas y yo de Florence Nigthingale, lo que había aprendido era que decidió “entregarse” a la Enfermería, y no que fue una mujer feminista y eligió su propia manera de vivir como persona .

Durante estos años he observado y sentido esas diferencias de género existentes entonces, y que algunas perduran aún en estos momentos, por lo que me planteo algunas preguntas: ¿Por qué existen tan pocas biografías de enfermeras españolas?, ¿Por qué se ha reconocido más la labor del practicante?¿Por qué muchas instituciones enfermeras españolas están presididas por enfermeros siendo mayoritariamente mujeres?, ¿Por qué la enfermera aunque tenga estudios de postgrado no es docente en otras carreras y en cambio los profesionales de otras carreras, sí lo son de enfermería?, ¿Por qué los enfermeros, a pesar de ser menos, están logrando más rápidamente los espacios administrativos, docentes y de investigación que las enfermeras?, ¿Por qué no se ha debatido suficientemente los estereotipos de género asociados a la profesión?, ¿ Por qué se sigue asociando la profesión a roles femeninos desfasados, cómo influye todo ello en el reconocimiento de la Licenciatura, en el estilo de poder de las instituciones enfermeras, en nuestro sistema sanitario y en nuestra sociedad?.

Todas estas preguntas tendrán muy diferente respuesta, según quién las considerara y la razón es obvia, hay grandes diferencias de apreciación que no tienen que ver con las diferencias biológicas solamente, sino con las condiciones socioculturales que se haya vivido personal y profesionalmente6. Incluso actualmente quizás muchas personas no se den cuenta de las diferencias de género existentes en la sociedad y en nuestra profesión, incluso se pueden mostrar felices de ello, pero la realidad de hombres y mujeres es otra y ello es condición sine qua non para la superación de las condiciones existentes. Resumiendo, creo que el concepto de profesión viene definido por el concepto que la enfermera o enfermero como persona individual tenga y por tanto la sumisión o la rebeldía y el progreso de una profesión o los valores de la misma tienen mucho que ver con como abordemos el tema de género las enfermeras y enfermeros españoles de manera individual.

La Corriente Feminista

En 1946 Robinson dijo que “la enfermera es el espejo en el que se reflejaba la situación de la mujer a través de los tiempos” y con esta frase, inicio una reflexión sobre la Historia de la Enfermería moderna y su relación con el movimiento feminista. Como premisa, decir que el feminismo se basa en una creencia en la igualdad social, política y económica de mujeres y hombres.

La enfermería anglosajona surge en plena campaña de liberación de la mujer y está muy ligada a las luchas feministas, no ocurriendo igual en España, donde durante el siglo XIX y principios del XX, estuvo más centrado en reivindicaciones de tipo social, como el derecho a la educación o al trabajo, que en demandas de igualdad política y profesional, no alcanzando un grado destacado de militancia. El modelo de género establecido en la sociedad española garantizaba la subordinación de la mujer al hombre mediante una legislación basada en la discriminación de la mujer y que podemos observar en los Códigos Civil (1889), Penal (1870) y de Comercio (1885); pero sobre todo por un control social informal mucho más sutil, basado en la idea de la “domesticidad” que estableció los principales arquetipos femeninos (“ángel del hogar”, “madre solícita”, “dulce esposa”), su función social y su código de conducta.

La Constitución de 1931 supuso un enorme avance en la lucha por los derechos de la mujer. La Constitución republicana no sólo concedió el sufragio a las mujeres, sino que todo lo relacionado con la familia fue legislado desde una perspectiva de libertad e igualdad. El régimen republicano estaba poniendo a España en el terreno legal a la altura de los países más evolucionados en lo referente a la igualdad entre los hombres y las mujeres. Sin embargo, en este aspecto como en tantos otros, la guerra civil y la dictadura de Franco dieron al traste con todo lo conseguido, devolviendo a la mujer a una situación de dominación en el marco de una España franquista impregnada de valores tradicionales y reaccionarios.

Como dato curioso, comentar dos revistas españolas, dedicadas a la salud y realizadas por mujeres: La Mujer y La mujer y la higiene7.

La Mujer (1882): En la portada aparece la mujer con un libro en brazos en vez de un niño. No tiene secciones fijas y en sus contenidos hay dos temas que destacan: la reivindicación de la soltería como alternativa para las mujeres y el cuestionamiento de la maternidad como única función de la mujer. También destaca el respeto hacia las mujeres que se quieren dedicar a la Ciencia y por ello da información de todas las mujeres que están estudiando en España.

La Mujer y la Higiene (1905): Revista quincenal dedicada a las madres de familia, comadronas, cirujanas, enfermeras, y en general a la mujer en su relación con la medicina y la higiene. Desde sus páginas reclama una igualdad de oportunidades y de derechos para las mujeres en el campo concreto de la profesión de comadronas. Su directora fue Rosa Viñals Lladís, cirujana y comadrona de la Beneficencia Municipal de Barcelona.

Otro hecho curioso que indica una desigualdad de género (o mejor dicho discriminación sexual?) en nuestra profesión, es “la convivencia” de los títulos de matrona, enfermera y practicante, dotando a cada sexo de principios de acción y de excelencia particulares; pero bajo la pretendida complementariedad subyace la verdadera división de género y de poder: los varones son cultura y las mujeres naturaleza, que es lo que ocurre con la diferencia de funciones entre practicantes y enfermeras. Motivo de reflexión deben ser las diferentes luchas por la independencia en la profesión enfermera (Cruz Roja, enfermeras visitadoras.), que no sobrevivieron al patriarcado imperante de la época y cuya independencia y protagonismo se basaba en profesionalizar algo concreto y diferente: “extender socialmente una virtud femenina privada: el cuidado”.

El “suave empuje” del Feminismo en los años 70 en España, hace que comience a ponerse en tela de juicio el control que los médicos ejercían sobre la profesión enfermera y a la vez, se accede a los niveles de decisión caracterizados como masculinos, surgiendo contradicciones al desarrollar el aspecto femenino de los cuidados que se realizan.

En 1988, la OMS edita el libro titulado “Función de las Mujeres en la asistencia sanitaria”, dedicando un capítulo a la Enfermería, a la ética feminista y a la Atención Primaria. Sigue siendo actual en muchos términos, porque aunque los cuidados enfermeros se han convertido en un analizador socio-económico-político, aún no son el objetivo de las instituciones sociales y sanitarias, sino que aún sigue siendo el tratamiento de la enfermedad. Incluso no se puede hablar ni debatir abiertamente de una ética feminista del cuidado sin que te tachen de “rara”. Habría que preguntarse por qué?.

Concluyendo, creo que el Feminismo en la Enfermería española se torna en una suma de acciones “contra corriente”, rebeldías y afirmaciones esporádicas e individuales, de enfermeras españolas liberales y adelantadas a su tiempo, que son excluidas por sus propias compañeras y sólo con el acceso a la Democracia se centra en una voluntad común por la consecución de la Diplomatura, sin tener para nada la conciencia de reclamar la igualdad de derecho a la enseñanza superior (logro feminista).

La educación

Adrienne Rich8 dijo a principios del siglo XX, que ” tendríamos que empezar a hacer preguntas que han sido definidas como no preguntas”. Con esta frase quiero iniciar una reflexión en torno a la educación enfermera.

Recordemos que estamos aún en la generación de enfermeras que hemos tenido una enseñanza diferente según el sexo y supeditada a la Medicina, incluso como profesión altamente feminizada no ha logrado el reconocimiento de la Licenciatura.

Se estima que la verdadera revolución en el proceso de crecimiento profesional de la mujer por ende la Enfermera no ha de derivarse tanto del desarrollo de su trabajo como de un acceso a la enseñanza superior, ya que sin una preparación igual y suficiente no accederá a puestos de poder, e incluso el hecho de que la educación de la mujer fuera diferente a la del hombre se deriva la carencia de recursos para lograr esa igualdad de derechos. Tendríamos que abordar no sólo los contenidos docentes, sino también cómo se sigue impartiendo la docencia y si recibe feed-back de la asistencia y de la realidad social. Incluso algunos autores opinan que la formación que necesitan los profesionales sanitarios no es tanto en aspectos clínicos, sino de reflexionar sobre las propias actitudes y creencias sobre el poder, el abuso, la sexualidad o las expectativas del comportamiento según género9 (por qué seguir hablando de la lucha de médicos y enfermeras).

Con respecto a la Ciencia e Investigación, considero que la categoría de género es fundamental a la hora de hacer ciencia y analizarla. Por qué un submarino se considera un gran logro tecnológico pero no así un biberón o un pañal desechable?, o por qué se subvencionan becas sobre técnicas diversas y no sobre filosofía, género o historia de la enfermería?. Por eso, la pregunta “de qué conocimiento estamos hablando?” se convierte en la pregunta fundamental.

Muchas críticas a teorías concretas10 replantean la idea de que el conocimiento en general, y el científico en particular, se caracteriza por su objetividad, por su neutralidad, porque sus contenidos carecen de valores. Pero es difícil aceptar, que lo que sucedió en el pasado, no se volverá a repetir en el futuro y que lo que hoy es ‘ciencia buena’, conocimiento autorizado o certificado no vaya nunca a dejar de serlo. Es por ello que son necesarios criterios que tengan en cuenta de un modo especial el papel del género y la ideología de género, de modo que pudiéramos discriminar teorías o prácticas sesgadas como ‘mala ciencia’. El género se convertiría, de este modo, en un criterio de evaluación como otros de los muchos propuestos a la par que una línea de investigación fecunda en la que la enfermería tendría mucho que aportar. Seguramente una ilusión pero que tendría el poder de poner a nuestra disposición una ciencia y tecnología de y para todos y todas11.

El poder

Marta Duran se preguntó: cuanto cuesta cambiar modelos sociales aferrados al poder y cuanto cuesta salirse del pensamiento único que domina la cultura actual, cuanto cuesta aún ser enfermera y defender crecimiento y progreso social?. El por qué de dicha pregunta hizo eco en mi cabeza muchas veces y aportó una respuesta: creo que la equidad de género supone cambios sociales complejos, que requieren la modificación de actitudes y conductas de las personas y la democratización de los mecanismos de promoción en las organizaciones (para explicar las desigualdades en el poder, se barajan dos hipótesis: el efecto cohorte y el techo de cristal. Para la primera, la causa de la desigualdad actual es la histórica incorporación tardía de las mujeres al espacio público y profesional, por lo que el equilibrio se producirá espontánea y progresivamente, es cuestión de tiempo y paciencia. La hipótesis del techo de cristal atribuye a factores estructurales, propios de la sociedad patriarcal, las dificultades de las mujeres para acceder a los puestos superiores de la escala social, incluso aunque su acceso este reconocido legalmente)12,13.

Hay que tener en cuenta que dichos cambios no se sucederán sin resistencias, pues el cambio trastoca jerarquías, cuestiona maneras de ejercicio de poder, redefine ámbitos de acción social, busca devolver al trabajo su sentido, promueve nuevas formas de placer y de entender la vida y de la organización del tiempo (me refiero a ese concepto del tiempo al que se refiere Michel Ende en Momo: “El que a uno le gustara su trabajo y lo hiciera con amor, no importaba; al contrario eso sólo entretenía. Lo único importante era que hiciera el máximo trabajo en el mínimo de tiempo”. Esto me hace pensar en la mala adecuación del tiempo en mi trabajo como enfermera. Es un punto que deberíamos debatir ampliamente en nuestro entorno y profesión, para dar alternativas a las Instituciones, la Comunidad, la familia, etc).

Además, esos cambios nos desafían a abandonar lo cómodo de la feminidad, como construcción simbólica, como concepto de valores, como modos de comportamientos y costumbres y por tanto, a abandonar un modelo que tenemos instalado en nuestras memorias corporales y profesionales hasta tal punto que creemos que sólo es lícito utilizar el poder sólo en beneficio de los demás, por sacrificio y obediencia y no como quienes tienen el derecho de relaciones profesionales y sociales pautadas en la equidad. Es entonces cuando al abandonar este modelo nos enfrentamos al desafió de asumirnos como sujetos políticos pensantes y actuantes. Así pues, la reflexión sobre como las enfermeras utilizan su poder es fundamental para tener una visión global de las implicaciones éticas para la Enfermería, como profesión y como sujetos, pues al no utilizar nuestro poder estamos limitando el prestigio profesional y la calidad de los cuidados que la sociedad recibe14.

Además, la igualdad de género origina cambios en la estructura familiar y los estudios de género aportan luz a la crisis de la vida familiar y al tipo de relaciones y roles que deben de realizar todos los miembros, al igual que los otros profesionales hacia la Enfermería, es decir, que no se tata de masculinizar ( a la mujer o enfermera), feminizar ( al hombre o enfermero) o “reeducar” (a los profesionales de la medicina o a la sociedad), sino de ser conscientes personalmente de las desigualdades y de democratizar el poder. Para ello es importante aplicar las categorías políticas de la democracia en la familia, alcanzar la capacidad de pacto y superar el miedo al poder, entendido no como avasallador, sino como voluntad que anima al pensamiento moderno, reclamando la individualidad y realizando para ello una tarea colectiva superando la falta de estructuras.

Creo pues, que la mutualidad debe ser modelo para todas nuestras relaciones ya sean entre hombre y mujer, madre e hijos, mujer-mujer, hombre-hombre, amantes, amistades, vecinas, compañeras de trabajo, pues merecen el mismo respeto que tenemos hacia nosotras mismas; es decir, que como praxis individual, la enfermera debe implicarse no sólo en la defensa de igualdad de la mujer sino en todo acto que pugne por obtener la libertad. No la libertad abstracta, sino en la concreta, libertad que se expresa en la exigencia de la satisfacción de las necesidades. En concreto, adquiriendo conciencia de la libertad propia (el derecho a la Licenciatura puede ser uno, ausencia de alienación otro) y además como un acto creador, personalizado, en donde se refleje y proyecte la personalidad de cada ser. Me refiero a que si abordamos los logros personales y profesionales sólo a nivel académico o reducido a valores económicos, la posición social del enfermero o de la enfermera, se limitará a desear ser “el triunfador o la triunfadora”, lo que motiva a toda esa serie de esfuerzos ridículo que hacemos para no rezagarnos respecto al de al lado y ser competitivos, llegando a sentirnos irritados si los demás no cambian, sin llegar a rozar problemas de índole más personal: la inseguridad, el miedo y la codicia, que siempre han estado en el núcleo de los prejuicios, la desigualdad y el daño medioambiental.

Por ello creo que no hay que perder de vista nuestros objetivos personales y aunque el activismo, el feminismo y la educación en la enfermera son necesarios para que ocurra una serie de reformas legales muy útiles, debemos comenzar a contemplar el análisis de nuestra historia personal que se refleja en nuestro ejercicio profesional.

Otro elemento importante a tener en cuenta, es el estilo de poder donde nos debemos implicar las enfermeras, cambiando el poder de dominio por el poder de participación, cosa que no es reciente en los grupos de mujeres15.

Una propuesta de trabajo que nace de esa experiencia cotidiana de las mujeres es el trabajo en Redes. Son Redes de entendimiento y cooperación sin jerarquías, redes casi espontáneas porque existen la necesidad y las ganas de llegar a objetivos comunes, esta es una nueva estrategia que lanzo y no tiene nada que ver con las estrategias económicas al uso y con los métodos políticos tradicionales16.

A modo de conclusión

He tratado cuatro aspectos o “lentes” con los que podemos observar nuestra profesión desde la perspectiva de género, pero hay muchos más y formular el concepto de dinero como multidimensional, nos remite a la idea de que cada persona realice múltiples funciones separadas unas de otras, no existiendo una relación rígida entre sexo y género. Ello, nos lleva a demostrar que toda persona manifiesta simultáneamente aspectos de la masculinidad y la feminidad, sólo que en cada ser humano tiene lugar una combinación específica; pero lo más importante, creo yo, no es tomar la variable género con dos valores masculino y femenino independientes el uno del otro, sino al sistema de relaciones que se establecen entre ambos, es decir que es preciso referir un género al otro para comprender el significado de cualquiera de los dos. Esto produce una perspectiva, que implica que los desarrollos teóricos no den como solución a la desigualdad, la igualdad, sino la desaparición de las diferencias de género, resituando las diferencias en el ámbito de lo individual y no de las clases de sexo. Es decir, que aquello previamente denominado masculino o femenino seria patrimonio de cualquier individuo independientemente de su sexo, por lo que el sexo y el género no forman parte del objeto de estudio, sino de la construcción teórica con la que nos aproximemos17. Esta nueva “mirada” es necesaria para abordar la historia y el futuro de nuestra profesión enfermera.18,19

Bibliografía

1. Rohifs I, Borrell C, Fonseca MC. Género, desigualdades y salud pública: conocimientos y desconocimientos. Gaceta Sanitaria, 2000; 14 (supl 3): 60-71.

2. Izquierdo MJ. Malestar en la desigualdad. Ed .C?tedra. Universidad de Valencia. Instituto de la Mujer. Madrid, 1998.

3. Alatorre Wynter E. Deber ser de las mujeres, una ojeada al pasado. Desarrollo Científico de Enfermería, 1996; 4 (7): 23-28.

4. Bachiller R. La construcción social de la mujer. Rev ROL Enferm, 2002; 196:33-36.

5. Canals J. Cuidar y curar: funciones femeninas y saberes masculinos. Jano 1985; XXIX (660):365-72.

6. Alatorre Wynter E. La enfermer?a desde el enfoque de Género. Enfermería Cardiológico, 1996; 4(3): 84-87.

7. Segura i Soriano I. Mujeres y salud. Rev. interactiva Mujeres y Salud [consultada el 9-8-02]. http://mys.matriz.net/mys06/linaje/lin_06_01.html

8. Rich A. Encuentro Chile-Poesía (20-26, marzo del 2001). [Consultada el 5-8-02] http://www.uchile.cl/cultura/chilepoesia/rich.html

9. Mazarrasa Alvear L, Díaz Rodríguez DR. Salud y calidad de vida. Violencia de género y cuidados de Enfermería. Rev. Metas, 2002; 41: 52-57..

10. Lewontin RC, Rose S, Kamin LJ [1984]. No está en los genes. Racismo, genética e ideología. Barcelona: Crítica, 1987.

11. Ruiz E. Género sociedad y estructuras de poder. [Consultada el 5-8-02] http://www2.udg.mx/laventana/libr1/poder.html

12. Colomer Revuelta C y Peiró Pérez R. Techos de cristal y escaleras resbaladizas? Desigualdades de género y estrategias de cambio en SESPAS. Gaceta Sanitaria, 2002; 16(4):358-60.

13. BicKel J. Gender stereotypes and misconcepcions: unresolved issues in physicians professional development.. JAMA, 1997; 277:1405-7.

14. Gastaldo D, Lerch Lunardi V, Meter E. Es ética la sumisión de las enfermeras? Una reflexión sobre la Anorexia de poder estructura patriarcal ha ido mutando. IV Congreso Internacional de Diagnósticos Enfermeros. A Coruña, 9-10 de Mayo de 2002.

15. Durán M. Un homenaje a los 25 años de Enfermería en la Universidad. Rev ROL de enfermería 2002;25(1):22-30.

16. Palomares Arenas M. Integrante de la Red Internaccional de Mujeres de Negro. Curso de otoño sobre Mujeres Pensadoras del s. XX de la UIMP. [Consultado el 13-8-02], http://www.sevillacultural.com/sevilla/recientes/ameliavalcarcel.htm

17. Izquierdo MJ. El Malestar de la desigualdad. Capítulo 1. Ed. Cátedra Universidad de Valencia. Instituto de la mujer. Madrid, 1998.

18. Alberdi Castell RM. Influencia del género en la evolución de la profesión Enfermera en España. Rev. Metas, 1998-9; 11:20-26.

19. Alberdi RM. Enfermeras para el tercer milenio. Revista ROL de Enfermería, 1993; 178: 43-50.

Agradecimientos

A Teresa Campal , a Manolo Ruiz, Juan Bahamonde y Pepe Siles por sus reflexiones.

Fuente: Fundación Index Apartado de Correos 18080 Granada España 2006

Fuente: puntovioleta.com
Autora: Carmen Chamizo Vega

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Comunidad de e-learning

  • Estadísticas

    • 51,859 entradas
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: